Los ambientalistas salvajes de Gualeguaychú y Colón, que con el aval ímplícito de Busti y Kirchner cortaron por meses el tráfico con Uruguay, han herido de muerte al Mercosur.
La solución legal para los cortes de ruta es el juicio por daños y perjuicios a los que producen el daño, y por parte de los damnificados. Si la justicia argentina fuera mínimamente viable y creíble, e independiente del poder político, un par de juicios y adiós cortes.

Con esto, los únicos que evitarían pagar multas son los que cortan las rutas por pobreza extrema y genuina.
Pero volviendo a la Ecología, los fanáticos de bañar a los pingüinos empetrolados deberían renunciar al papel, si no quieren papeleras. No pueden esgrimir el argumento de “daño potencial hipotético posible futuro” para causar daño económico y moral a los inocentes trabajadores, comerciantes y turistas que quieren cruzar un puente.
La ecología fanática es un privilegio de los ricos del primer mundo, que pueden darse el lujo de proteger a los arbolitos en lugar de darle de comer a los hambrientos. Ellos no necesitan dedicar todos sus recursos a impulsar el desarrollo tecnológico y económico para salvarse de la miseria inminente.
La excusa de la ecología está sirviendo para detener en forma irracional el progreso científico y tecnológico, que es lo único que puede sacar a los países pobres de la miseria. Pensar que Argentina se está salvando hace varios años con la soja transgénica, blanco predilecto de los ecologistas salvajes, ignorantes y cerrados a los razonamientos biológicos y económicos.
Nosotros, a quienes no nos sobra nada y nos falta todo, tenemos otras prioridades.
No voy a argumentar técnicamente sobre las papeleras y el cloro. Posiblemente lo que parece obvio, lo sea: Que Finlandia tiene empresas limpias y serias. Y que Tabaré es un dirigente competente, comprometido con su pueblo, valiente y racional.
Un poco de cloro en el Uruguay seguramente ayudará a matar a los millones de bacterias por milímetro cúbico que vierte el Riachuelo cada segundo. Y seguramente inactivará un poco del cromo que vuelcan ilegalmente, impunemente y peligrosamente, las curtiembres de Avellaneda al mismo río del cual bebemos los uruguayos y nosotros.
Creo que los ecologistas salvajes importan ideas de Europa sin el menor criterio. Son los mismos que viajan a Zambia a pedir a los africanos que respeten a los animalitos salvajes. Cuando los africanos, si pudieran, se los comerían a los mismos ecologistas, del hambre que tienen…
Volviendo al tema anatómico que titula esta nota, lo ilustro con la foto de la reina del Carnaval que protestó ante los presidentes del mundo.
